Finanzas

Apple Card es una forma costosa de pagar

La Reserva Federal debe conducir a Estados Unidos hacia pagos bancarios que sean más rápidos y eficientes que el sistema actual, que está anticuado.

Apple Card

La firma de tecnología presentó recientemente su tarjeta de crédito, la cual será emitida por Goldman Sachs. La empresa abre el camino para que otras minoristas sigan sus pasos.

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Portafolio
agosto 16 de 2019 - 08:00 p.m.
2019-08-16

Aunque es fácil distraerse con objetos brillantes como la nueva tarjeta de crédito Apple Card, la mayor noticia en materia de pagos la semana pasada fue un serio anuncio de la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos.

La Fed quiere cambiar las cosas construyendo su propio servicio de pagos rápidos, rivalizando con los grandes bancos, incluyendo a JPMorgan Chase.

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Como siempre sucede con los productos de Apple, su tarjeta de titanio grabada con láser está bellamente empaquetada y promete cambiar el mundo. Este “nuevo tipo de tarjeta de crédito” está llegando a las casas de los primeros usuarios para conectarse con los iPhone y darles un reembolso del 2% en cada compra que hagan.

La Apple Card proclama su “simplicidad, transparencia y privacidad” superiores a las de las tarjetas familiares de gama alta, como la Sapphire Reserve de Chase, la cual ofrece una compleja colección de recompensas en viajes y en compras minoristas por una elevada tarifa. La aplicación para iPhone enumera las cosas que los usuarios han comprado y muestra el interés de dos dígitos.

En otros aspectos, incluyendo el estar emitida por el banco Goldman Sachs, la Apple Card es sólidamente tradicional. Les cobra a los minoristas altas tarifas de transacción y reinvierte parte del dinero en recompensas, reforzando un anticuado y costoso mercado de pagos estadounidense.

Aquí es donde entra la Fed, que ha desafiado el cabildeo y la insistencia de algunos republicanos de que los bancos debieran controlar los pagos más rápidos para impulsar a EE. UU. a entrar en el siglo XXI. Aun así, el servicio FedNow es una perspectiva lejana: es posible que sólo se lance en 2024.

“¿Qué les está tomando tanto tiempo?”, pudiera preguntar el resto del mundo. Si bien los pagos pueden realizarse rápidamente, a menudo en segundos, a través de bancos en numerosos países (incluidos Australia, el Reino Unido, Suecia y México), EE. UU. continúa siendo muy lento.

Los pagos electrónicos aún pueden tomar días en liquidarse a través de una antigua cámara de compensación operada conjuntamente por la Fed y por los bancos desde 1974.

El apego estadounidense a escribir cheques de papel - lo cual los europeos observan con asombro de la misma manera que los antropólogos que descubren una tribu con extraños rituales - se está desvaneciendo, y la popularidad de las tarjetas débito con chips se consolida. Pero la ineficiencia de la infraestructura subyacente refuerza el control de los bancos y frena la competencia.

Gran parte del debate estadounidense sobre los pagos más rápidos se ha centrado en los retrasos de los salarios en llegar a las cuentas bancarias. Elizabeth Warren, la senadora y candidata presidencial estadounidense, ha presionado a la Fed para que intervenga. Los beneficios de pagos más rápidos van mucho más allá y, como otras formas de innovación, son difíciles de comprender hasta que los consumidores los experimentan.

Una infraestructura eficiente y abierta puede hacer por los pagos y por los servicios financieros lo que internet hizo por las comunicaciones. Les permite a muchas empresas, no sólo a los bancos, innovar y crear servicios.

Cuando las entidades controlan sus propias plataformas, favorecen lo que conocen.

Los grandes bancos han manifestado su desacuerdo con que haya necesidad del servicio FedNow argumentando que ellos lanzaron su propio servicio de pagos rápidos en 2017, el cual es controlado por el grupo bancario The Clearing House y actualmente cubre aproximadamente la mitad de las cuentas de depósitos a la vista de EE. UU.

Pero todavía maneja volúmenes limitados - no ha proporcionado cifras - y numerosos bancos más pequeños, de entre los 10.000 en EE. UU., lo consideran sospechoso.

Los bancos sólo permiten que sus pares usen la red directamente; PayPal obtiene acceso a través de JPMorgan. El grupo es menos abierto que los servicios en otras partes del mundo, incluido el Reino Unido, donde TransferWise se convirtió el año pasado en la primera entidad no bancaria en conectarse a la red Faster Payments. Australia también diseñó su servicio de pagos rápidos para alentar el acceso.

La Fed sólo ha considerado el uso de FedNow por parte de los bancos, y no ha prometido expansión. Pero tal como Amazon lo señaló en su carta de comentarios dirigida a la Fed, el crecimiento de los servicios de pagos en tiempo real garantizaría “una alternativa a largo plazo a los existentes servicios de tarjetas de crédito y de débito de alto costo”.

La idea de que minoristas como Amazon pudieran adoptar nuevos métodos de pago para contrarrestar las altas tarifas de transacción que alimentan la industria de las tarjetas de crédito no es una frívola especulación. Ese escenario ya se ha presentado en China, donde las plataformas móviles Alipay y WeChat Pay surgieron después de que los comerciantes rechazaran las tarjetas bancarias.

Es posible que EE. UU. no siga el mismo camino que Europa o que China: el incentivo del consumidor de pagar con reembolsos en efectivo y con tarjetas de recompensas dificultan su eliminación. Las aplicaciones móviles - como las aplicaciones Cash de Square y Venmo de PayPal - se beneficiarán de plataformas de pago más rápidas, incluso si las tarjetas siguen siendo populares.

Las empresas tecnológicas tampoco son necesariamente más confiables que los bancos. El intento de Facebook de competir con los bancos con Libra, su planeada moneda digital, plantea preguntas más profundas que la novedad de la Apple Card o si las recompensas de una tarjeta de platino ameritan su tarifa anual.

Pero la Fed debiera seguir adelante con el FedNow - cuanto antes, mejor - y encontrar una manera de abrir su sistema de pagos a participantes confiables, independientemente de que cuenten como bancos. Cuando Lael Brainard, una gobernadora de la Fed y presidenta de su comité de pagos, hizo la observación la semana pasada de que “la infraestructura de pagos minoristas estadounidense está rezagada en relación con la de muchos otros países”, ella estaba siendo cortés.

Es la naturaleza de la innovación que nadie sepa lo que sucederá, o si la Apple Card se convertirá en una reliquia, gracias a los nuevos servicios. Una cosa es segura: el cambio debiera haber ocurrido hace tiempo.

John Gapper - Finantial Times

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