Economía

Las mujeres que siembran en el negocio agrícola en Colombia

En el país, casi el 40 % de las mujeres rurales no tiene ingresos propios.

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De acuerdo con cifras de la Dirección de Mujer Rural del Ministerio de Agricultura, hoy el 78% de las unidades productivas con solo mujeres productoras tienen menos de cinco hectáreas.

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octubre 05 de 2019 - 12:52 p.m.
2019-10-05

Mejorar las condiciones de vida de las mujeres del campo y hacer de su finca una agroempresa sostenible en el tiempo son los propósitos por los que trabaja Elizabeth Gómez Gómez, una agricultora de 39 años que promueve la inclusión y trabajo asociativo en el campo colombiano.

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En su finca 'El Corazón de Jesús', ubicada en el municipio de Marinilla (noroeste), cultiva cebolla, cilantro y sidra en compañía de otras campesinas, quienes se abren paso en una actividad que tradicionalmente ha sido dominada por hombres.

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"Quiero que mi empresa crezca y que sea reconocida como la empresa de mujeres del Oriente Antioqueño. Hay que ayudarnos entre nosotras para salir adelante", expresó a Elizabeth. Identificar que en el campo "hay muchas mujeres que son abandonadas por los esposos, maltratadas o humilladas", la llevó a enfocarse en trabajar con ellas y a visualizar de cara al futuro un equipo femenino que construya la marca 'Sidras del Oriente', el sueño que impulsa a diario. "Me ha ha tocado sufrir para salir adelante. Ya tengo la experiencia", comentó la agroempresaria, madre de dos adolescentes y divorciada desde hace 11 años, quien considera que las mujeres cabeza de hogar como ella deben "velar por el futuro de nuestros muchachos".

En Colombia, casi el 40 % de las mujeres rurales no tiene ingresos propios, de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Durante el camino, Elizabeth ha tenido como mentor a su padre: José León Gómez, un campesino 78 años que conoce los secretos del agro y poco a poco ha ido cediendo hectáreas a su hija gracias a un liderazgo que ha traducido en mejores productos e ingresos, además de la labor social que realiza en la vereda (aldea) Alto del Mercado.

"Mi papá siempre me decía: 'la finca puede ser una empresa'. Lo escuché, vendí el bus escolar con el que trabajaba y regresé al campo", relató la emprendedora. Al principio, encontró resistencia entre los hombres, pues "ellos creen que no sé negociar ni cultivar".

Al verla con las botas puestas, desyerbando y alzando un bulto de cilantro, asegura que la ven como alguien capaz y "van respetando" "El machismo siempre ha existido y romper eso es difícil pero no imposible", acotó.

Al conocimiento transmitido por su padre, le agregó capacitaciones con la Corporación Interactuar, que además impulsa a los microempresarios con financiamiento. "Yo veía el agro como siembra y ya, no sabía que podía llevar registros, que podía programar una siembra o hacer análisis de suelos", confesó la agroempresaria, que actualmente produce 1.200 kilos mensuales de cebolla.

Con la sidra su producción va en 100 kilos semanales, una cifra que quiere elevar con un proyecto más ambicioso al venderla procesada y empacada al vacío, para tener "buena comercialización", así como desarrollar con ella bebidas y dulces. "Es un producto para explotar", enunció Elizabeth, para luego señalar que "cosechar no es fácil porque en el agro somos muy empíricos".

De acuerdo con cifras de la Dirección de Mujer Rural del Ministerio de Agricultura, hoy el 78% de las unidades productivas con solo mujeres productoras tienen menos de cinco hectáreas.

Para la coordinadora de la metodología de desarrollo rural de Interactuar, Adriana Zapata, hay "enormes desafíos" en equidad de género pues las mujeres por lo general no son propietarias de tierra y eso limita su acceso a recursos financieros, por lo que ve fundamental contar con "mayores programas de incentivos para mujer".

En ese sentido, destacó el impacto genera cuando la mujeres se asocian en el agro para gestionar recursos, establecer proyectos comunitarios o desplegar propuestas sociales. La experta manifestó que cuando "una mujer logra descollar, alrededor de ella procura fortalecer, vincular y apoyar" a más mujeres. Para ella, ese fenómeno se relaciona con el "espíritu comunitario" que quedó del conflicto colombiano, pues muchas mujeres “quedaron solas”. “De la marginalidad, del abandono, entre ellas mismas se reconfortan y crean ambientes seguros”, apostilló.


EFE

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