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FMI, ¿defensor de las finanzas o principal villano económico?

Aunque el Fondo ha tratado de mejorar su deteriorada imagen, las recientes protestas vuelven a ubicar al organismo en el foco de muchas críticas.

Kristalina Georgieva

La institución que dirige Kristalina Georgieva ha tratado de mejorar cambiar sus procesos y adaptarse a las realidades.

EFE

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Portafolio
octubre 20 de 2019 - 08:00 p.m.
2019-10-20

Mientras el Fondo Monetario Internacional (FMI) celebró su reunión anual en Washington la semana pasada, en otras latitudes no hacían más que estallar protestas en algunos de sus países prestatarios.

Desde Ecuador y Argentina hasta Egipto, la agitación que se está viendo tiene un aspecto familiar, incluso aunque el FMI lleve años tratando de reinventarse. Esto representa un gran desafío para su nueva jefa, Kristalina Georgieva.

Desde la crisis financiera, el FMI, que muchos acusan de apoyar la austeridad, ha dedicado más atención a cómo se comparten los beneficios del crecimiento. Su investigación a veces ha desafiado el consenso del libre mercado del que el Fondo mismo ha sido un pilar: destacando los peligros de la desigualdad y los beneficios potenciales de los controles de capital. ‘Neoliberalismo ¿Sobrevendido?’ tituló un informe de 2016.

Pero si bien la orientación general ha cambiado, las recetas para prestatarios individuales siguen teniendo problemas. Unas fallidas elecciones primarias para el presidente de Argentina, Mauricio Macri, descarrilaron el mayor programa de préstamos del FMI. La violencia en Ecuador obligó a los funcionarios a huir de la capital y alejarse de las políticas respaldadas por la institución.

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Las raras protestas en Egipto, que generalmente mantiene un estricto control sobre la disidencia, han alimentado la especulación de que su Gobierno podría hacer lo mismo. Túnez también ha visto manifestaciones contra la austeridad. Y hay otros casos.
Hasta cierto punto, el problema está predeterminado. Los países solo recurren al Fondo por dinero en efectivo si sus economías ya están en problemas, por lo que las condiciones para los disturbios ya están allí antes de que la primera delegación del FMI aterrice.

Aun así, el rechazo es inquietante para una institución que trabaja para cambiar su imagen. Adnan Mazarei, exsubdirector del FMI que ayudó a supervisar la respuesta a la Primavera Árabe de 2011, asegura que el Fondo ha trabajado para mejorar su comprensión del “impacto social de lo que pueden ser reformas inevitables”.

“¿Ha aprendido adecuadamente? No”, asegura Mazarei, ahora en el Instituto Peterson de Economía Internacional. Pero agrega que a menudo hay pocas opciones. “Nos llaman cuando alguien necesita ser llevado a la sala de emergencias. Y no puedes decir, en ese momento, ‘haré una cirugía si completas una lista de 12 cosas que nunca harás y que te trajeron aquí’”.

Georgieva les dijo a los ministros de finanzas y los banqueros centrales la semana pasada que el FMI ha “intensificado significativamente su compromiso en temas de gasto social”. Los funcionarios del Fondo apuntan que a menudo solo establecen esquemas y dejan que los prestatarios decidan donde recortar los presupuestos.

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Un problema es que el éxito se mide mediante indicadores como el crecimiento, la inflación o los equilibrios fiscales “con exclusión de casi todo lo demás”, según Ziad Daoud, economista jefe de Medio Oriente en Bloomberg Economics. Como resultado, “los programas rara vez reciben una aceptación del público en general”, resaltó Daoud. “El riesgo de reacción popular es considerable”.

Egipto, aclamado como un éxito del FMI, es un buen ejemplo. El préstamo de US$12.000 millones del Fondo ayudó a evitar una escasez de dólares paralizante y atrajo miles de millones a bonos en moneda local. El déficit presupuestario se redujo y la economía ahora está creciendo más rápido que la mayoría de sus pares de Medio Oriente.

Pero el costo ha sido elevado y los beneficios han estado compartidos de manera desigual. Egipto tuvo que devaluar la libra y reducir los subsidios, lo que ha aumentado la pobreza. Los empresarios se quejan en privado de que las compañías respaldadas por el ejército están anulando la competencia, lo que desafía el apoyo del FMI para una recuperación liderada por el sector privado. Y la inversión extranjera a largo plazo fuera de la industria del petróleo y el gas aún no se ha recuperado.

El FMI ha alentado a los países a que dejen de subsidiar el combustible, a menudo por motivos de distribución. Las personas más ricas tienen más probabilidades de poseer automóviles, por lo que es mejor focalizar el gasto en aquellos que más lo necesitan.

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“La eliminación de los subsidios a la energía cumple los requisitos de sostenibilidad fiscal y apoyo social más equitativo”, asegura Simon Kitchen, jefe de estrategia del banco de inversión EFG-Hermes. “Pero esto lleva un tiempo para funcionar. Y mientras tanto, el impacto puede ser bastante severo”.

En Ecuador, los recortes fueron la base de la confrontación entre manifestantes y autoridades. Argentina también bajó los subsidios. Pero después de su sorprendente derrota en las primarias, que desencadenó un colapso del mercado, Macri restauró algunos.

El Fondo todavía tiene muchos partidarios. Los funcionarios egipcios dicen que están interesados en mantener estrechos lazos. Las monarquías árabes del Golfo que luchan por hacer frente a los precios más bajos del petróleo han seguido el consejo del FMI introduciendo impuestos al valor agregado.

La investigación del FMI se ha inclinado hacia políticas fiscales más flexibles para los países que pueden permitírselo. Arabia Saudita incluso acredita al Fondo por retrasar un plan para equilibrar el presupuesto que habría reducido el crecimiento. “Las evaluaciones a menudo reflejan lo que ya está sucediendo en el mundo, pero es difícil ver que medidas como los controles de capital figuren en las recomendaciones de política”, indicó Kitchen de EFG. “La pregunta es si el FMI se convierte en un líder intelectual o solo se adapta a las nuevas tendencias”.

Y las recientes revueltas contra los gobiernos socios en América del Sur son un golpe en una región donde el FMI ha estado “tratando de volver a comprometerse”, según Monica de Bolle, directora de estudios latinoamericanos en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins. “Cuando hablas con personas en Argentina o Ecuador culpan a los funcionarios de su país por la situación. Pero también al FMI”

Bloomberg

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